viernes, 2 de abril de 2010

Antibióticos


Antibióticos


Francisco Javier Chaín Revuelta
Córdoba, Veracruz, México
2/abril/2010.

En las notas locales del día escriben que farmacéuticos y médicos tienen clara la disposición para exigir receta en la venta de antibióticos, exigencia que afectará a la clase baja y alentará el mercado negro.

Se atribuye a un farmacéutico declarar que no tiene aviso alguno, que no hay anuncio sobre el punto en la gaceta oficial y que salubridad no ha comentado nada. Se le atribuye también la opinión de que parte de la población será afectada al tener que acudir al médico por la receta y que la clase más pobre es la que sufrirá más, ya que no todos tienen para la consulta particular.

Sin embargo en la Unión de Farmacias Independientes de esta localidad opinaron que no se maneja completa la información y que no es nada nuevo que para un antibiótico se tenga que pedir la receta en una farmacia, esta en la ley, siempre se tiene que pedir, pero no retener la receta. Detalló que si un farmacéutico pide la receta al solicitante y no la trae, éste irá a buscar una farmacia que no la pida.

La transcripción textual de lo expresado por un médico local es lo siguiente: “Esta medida ya está en los Estados Unidos. Todos los medicamentos deben estar con receta médica. Aquí, por la misma situación, la gente no tiene recursos para ir al médico, entonces hay un abuso indiscriminado de antibióticos”.

En las notas nacionales de la ciudad de México, el titular de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) declaraba el 25 de marzo de 2010 que no habrá marcha atrás en la propuesta de que dichos fármacos se vendan únicamente con receta médica. Aseguró que los antibióticos automedicados crean problemas graves para la salud.

Reconoció el funcionario que no se tiene una fecha exacta de cuando entrará en vigor dicha ordenanza, ya que antes debe de ser avalada por el Secretario de Salud y luego publicarse en el Diario Oficial de la Federación, la Cofepris se organizará con las autoridades estatales para efectuar acciones de vigilancia y sanción, que incluye la clausura de los locales, en caso de incumplimiento.

Alegó que “En México los antibióticos se consumen como si se tratara de chicles, y de acuerdo a investigaciones en el país el 85 por ciento de los antibióticos que se venden, por cuestiones de automedicación, no son necesarios y si crean problemas graves de salud como resistencia bacteriana que llevan hasta la muerte de la persona”.

Además refirió que de acuerdo a los informes epidemiológicos en la temporada invernal los mexicanos se automedican y toman antibióticos para combatir síntomas comunes del resfrío o de influenza, y en esta ocasión la compra de antibióticos resultó doblemente innecesaria ya que el virus predominante que ha circulado en el país es el A/H1N1, para lo cual, se requieren antivirales

Los antibióticos no sirven para la influenza A/H1N1, dijo, sólo lo que puede generar es una falsa sensación de confianza de que la enfermedad va a parar, pero no es así, no habrá ningún efecto y lo peligroso es que retrasarán la atención y con ello se agravara la enfermedad. “Muchos murieron por ello”.

Consideró que lo que México logrará en unos meses ya se hace en otros países, que recomienda la Organización Mundial de Salud, y que de acuerdo a la Agencia Europea y a la FDA ya se cuenta con una lista de antibióticos que ya resultan resistentes al tratamiento.

En México, los antibióticos más consumidos son el Achromycin, Augmentin, Bactrim, Biaxin, Ceclor, Cefepime, Ceftin. Chloromycetin, Cipro, Ciloxan, Cleocin, Minomycin, Rifater, Rulide, Suprax, Tegopen, Trimox, Vantin, Vibramycin, Zithromax.

En las notas internacionales Grandes Montañas tuvo acceso sobre una investigación de Ignacio Lillo sobre recetas médicas y antibióticos realizada en Málaga, España, donde la venta de antibióticos sin receta es habitual en las farmacias de Málaga, donde la ley obliga a presentar un parte médico autorizado para obtener la mayoría de los medicamentos. Los farmacéuticos, sin embargo, se muestran inflexibles cuando se solicitan ansiolíticos y relajantes musculares

LA INVESTIGACIÓN

Un periodista se hizo pasar por un cliente días pasados y escogió al azar un total de 12 farmacias en los distritos Este, Centro, Cruz del Humilladero y Carretera de Cádiz. Se trataba de comprobar el cumplimiento de la obligatoriedad de presentar receta para adquirir varios medicamentos. Éstos fueron los resultados:

Antibióticos: En ocho de las oficinas se solicitaron distintas marcas de antibióticos (Augmentine, Clamoxyl). En todos los casos se dispensó sin necesidad de presentar la receta.

Ansiolíticos (tranquilizantes) y relajantes musculares: En seis establecimientos se pidió Myolastan, Tranquimacine y Orfidal. Todos ellos denegaron tajantemente la dispensación sin receta.

Antihistamínicos: En dos establecimientos se reclamó un medicamento de uso extendido para combatir la alergia, el Telfast, y en ambos casos se dispensó.

Otros medicamentos: En un establecimiento se solicitó Risperdal (un antipsicótico, habitual en pacientes con algún tipo de demencia) y la respuesta fue positiva, mientras que en otro se hizo la prueba con el Dogmatil (utilizado para el vértigo), con igual respuesta.

La Ley: La normativa exige una receta médica para la dispensación de medicamentos, salvo los considerados Especialidades Farmacéuticas Publicitarias (EFP), que quedan bajo criterio del facultativo.

Sanidad alerta sobre los riesgos del consumo indiscriminado de este tipo de fármacos

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Augmentine, Amoxicilina, Clamoxyl... Para acceder a un antibiótico es obligatorio presentar la receta, que deberá proporcionar un médico en un centro de salud o en un hospital, si lo estima conveniente y ajustado a la dolencia del paciente. Hasta ahí la teoría. La realidad es bien distinta. Un periodista de SUR visitó días pasados un total de 12 oficinas de farmacia de la capital. En ocho de ellas pidió antibióticos de uso común. En todos los casos se le dispensó la medicina con total normalidad, a pesar de que el supuesto paciente no mostró receta alguna.

Esta experiencia pone de relieve la facilidad con la que los ciudadanos acceden a un compuesto considerado especialmente sensible por parte del Ministerio de Sanidad, que acaba de lanzar una campaña para prevenir su uso indiscriminado. El peligro está en que si se utiliza mal puede producir resistencias (que el medicamento deje de ser efectivo).

La investigación era más amplia y pretendía comprobar el grado de cumplimiento de la obligación de exigir el parte médico para suministrar la mayoría de medicamentos en las boticas malagueñas. En seis establecimientos el reportero trató de adquirir ansiolíticos (tranquilizantes) y relajantes musculares, como Myolastan, Tranquimacine y Orfidal. En todos los casos los profesionales se negaron en redondo a suministrarlo, esgrimiendo que para ello era obligatoria la receta.

Otras medicinas de uso común entre la población son los antihistamínicos, utilizados para luchar contra las alergias. Se pidió una de las marcas más extendidas, el Telfast, y de nuevo en este caso no hubo reparos. Como tampoco al solicitar Risperdal (un antipsicótico, habitual en pacientes con algún tipo de demencia o alzhéimer) ni en el caso del Dogmatil (utilizado para el vértigo).

Cultura sanitaria

Tras la experiencia, SUR se puso en contacto con varios farmacéuticos para conocer su opinión al respecto, y aunque no quisieron identificarse, sí pusieron de relieve sus argumentos. Las fuentes consultadas adujeron que los ciudadanos han llegado a un nivel de cultura sanitaria que en muchos aspectos les permite el autocuidado de su salud, de manera que las farmacias facilitan el acceso a este bien. «Para un paciente crónico o que sufre determinadas afecciones estacionales supone un trastorno ir al médico sólo a por una receta. La realidad está ahí y las farmacias ayudamos a que los servicios de atención primaria no se colapsen», comentó uno de los facultativos.

Otros se refirieron a la existencia de las llamadas Especialidades Farmacéuticas Publicitarias (EFP), que pueden ser prescritas y dispensadas directamente y a la relación de confianza que se establece entre el profesional y el usuario. «Los pacientes son casi siempre fijos, personas de las que se conoce su historial y que acuden por las mismas dolencias». En esta misma línea, otro profesional aduce: «Por el conocimiento del usuario se puede producir alguna dispensación, al saber que el enfermo no es alérgico y el desembolso de compra directa es mínimo».

Desde el Colegio Oficial de Farmacéuticos, su portavoz, Leandro Martínez, reconoce que la legislación establece que para dispensar antibióticos hace falta receta. «Somos muy cautos en el respeto a la ley, el Colegio insiste mediante campañas divulgativas sobre su correcto manejo, pues el abuso de estos medicamentos crea resistencias en la población general que hace que cada vez la dosis necesaria sea más alta y que a la larga se puedan producir problemas».

No obstante, Martínez añade que el Colegio de Farmacéuticos considera que se pueden dar casos excepcionales, y en los que se podría incurrir en la denegación de auxilio. «No podemos negar insulina a un diabético durante una guardia, aunque no tenga una receta por unos motivos burocráticos», y defendió el papel de los facultativos. «Nuestra carrera es el medicamento, y en países como Canadá el farmacéutico prescribe».

El portavoz también pone de relieve las fuertes cautelas que existen en torno a los medicamentos que se pueden utilizar de un modo distinto a su cometido, como los ansiolíticos. «Cada farmacia dispone de un libro recetario en el que se anotan diariamente todas las dispensaciones de psicotropos, estupefacientes, fórmulas, medicamentos de dispensación hospitalaria y de especial control médico para evitar una desviación de su uso, en dosis altas, mezclada con alcohol u otras drogas».

La Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y Productos Sanitarios, aprobada en julio de este año, contempla sanciones por despachar medicamentos que precisen receta sin la pertinente prescripción facultativa. Este hecho está considerado una falta grave y acarrea el pago de una multa superior a los 30.000 euros. El Colegio no tiene constancia de ningún caso en Málaga. También se sanciona la ausencia de placas de identificación en la bata de los profesionales (de 3.000 a 6.000 euros), y el hecho de que el facultativo se ausente de la oficina (30.000 euros). El año pasado se produjeron cinco expedientes por esta última causa.

Juan José Sánchez Luque, presidente del Colegio de Médicos, afirma que cualquier prescripción lleva aparejada un diagnóstico, para llegar finalmente a la dispensación. «La automedicación está muy extendida y produce efectos secundarios y contraindicaciones. Médicos y farmacéuticos tenemos que ir de la mano, pero sin olvidar que nuestra función es la prescripción».

Contraindicaciones

Sobre las contraindicaciones de este producto, comenta: «No sólo conlleva resistencias, sino que además enmascara otros posibles cuadros clínicos más serios; además de una posible alergia del paciente, que conllevaría una enfermedad grave». A juicio de Sánchez Luque, «la prescripción supone una gran responsabilidad para el médico, que es a quien le corresponde esta función, porque no es igual un analgésico que un fármaco». A este respecto, anticipa que la próxima implantación de la receta electrónica ayudará a mejorar la situación, y evitará que los pacientes crónicos tengan que hacer visitas innecesarias al centro de salud.

José Carlos Cutiño, secretario de relaciones institucionales de la Unión de Consumidores de Andalucía (UCA) y experto en la materia, se muestra contrario a la libre dispensación de este tipo de principios. «Al margen de la irregularidad administrativa nos induce a preocupación por el problema de resistencia a los antibióticos, en el que España está a la cabeza. Además, tenemos un índice muy alto de asistencia a urgencias por el mal uso de los medicamentos».

A juicio de Cutiño, muchos ciudadanos se automedican y ello va en contra de la racionalidad que las instituciones pretenden imponer. «No son productos inocuos, generan nuevos problemas y por eso hay que hacer un llamamiento a la responsabilidad del farmacéutico, de las instituciones y de los propios usuarios».

«Los primeros que no tendríamos que pedir antibióticos somos los ciudadanos, que a la larga lo pagaremos con nuestra salud». El portavoz de los consumidores recuerda que el modelo español privilegia a los gestores de las boticas, «que tienen rol de establecimiento sanitario», y reclama celeridad en la puesta en marcha de la receta electrónica.

La receta electrónica

Acceso electrónico a las órdenes de prescripción de medicamentos desde cualquier punto de dispensación del país

1. Objetivos Generales

Garantizar a los ciudadanos poder retirar los medicamentos que tienen prescritos desde cualquier farmacia del país sin necesidad de presentar una receta en papel

Desligar al médico de la función económico-administrativa de la receta médica

Favorecer el desarrollo de los programas de Uso Racional del Medicamento

Avanzar en la implantación de sistemas de información, que permitan a las CCAA conocer las transacciones que se realizan entre ellas.

2. Contenido Funcional

La receta médica es el documento normalizado por el cual los facultativos médicos legalmente capacitados prescriben la medicación al paciente para su dispensación por las farmacias.

La receta médica electrónica es un procedimiento tecnológico que permite desarrollar las funciones profesionales sobre las que se produce la prescripción de medicamentos de manera automatizada, de manera que las órdenes de tratamiento se almacenan en un repositorio de datos al cual se accede desde el punto de dispensación para su entrega al paciente.

2.1. Marco de Gestión de la Receta

Los medicamentos constituyen una de las prestaciones del SNS. La gestión de la prestación está transferida a las Comunidades Autónomas.

El Ministerio de Sanidad y Consumo es competente en legislación sobre productos farmacéuticos, evaluación, autorización y registro de medicamentos y en la decisión sobre la financiación pública y fijación del precio de los medicamentos y productos sanitarios.

Del mismo modo la Ley de cohesión y calidad del SNS atribuye al MSC la competencia de garantizar la interoperabilidad y la circulación de los datos de receta electrónica a través de la Intranet Sanitaria, además del desarrollo del Sistema de Información farmacéutico en el SNS.

2.2. Modelo funcional de Receta Electrónica en las CCAA

Si bien son diferentes las aplicaciones que soportan las experiencias existentes en receta electrónica en las CCAA, de nuevo todas ellas presentan características comunes en cuanto a las funcionalidades que ofrecen:

• El paciente se identifica con su tarjeta sanitaria y el médico se identifica y acredita electrónicamente.

• La prescripción se realiza contra un Nomenclátor (el oficial del SNS o una adaptación del mismo)

• La prescripción médica se registra automáticamente en la historia clínica electrónica del paciente

• Las recetas se generan de forma electrónica, y se validan automáticamente con la firma electrónica del facultativo, almacenándose en una Base de Datos de prescripción.

• El médico imprime el volante de instrucciones del paciente, en soporte papel.

• La oficina de farmacia realiza la identificación automática del paciente y sus datos a través de la tarjeta sanitaria, y accede a una o varias prescripciones pendientes de dispensar.

• Se registra automáticamente la dispensación de la oficina de farmacia a través de la firma electrónica del farmacéutico, así como las sustituciones, si fueran realizadas.

Este sistema no sería completo si se limitara al ámbito territorial de la CA de residencia habitual, ya que, un número significativo de usuarios/pacientes, residen temporalmente en más de una CA o viajan por España.

Con ello se colaborará a reducir la parte de actividad administrativa de los profesionales dirigida a la prescripción de tratamientos de continuación en usuarios desplazados, aportando eficiencia adicional a todos los Servicios de Salud (y con ellos al SNS).

En otro orden de cosas, este sistema permite una imputación de los costes a quién origina la prescripción basados en datos reales.

2.3. Diseño Funcional del sistema RE-SNS


ESQUEMA DE FUNCIONAMIENTO DE LA RECETA ELECTRÓNICA EN EL SNS

Para atender a las exigencias mencionadas es necesario contar con un sistema de interoperabilidad en el SNS integrado por los siguientes componentes:

La identificación del paciente a través de la BDTSI-SNS

La identificación inequívoca del medicamento prescrito bajo marca comercial o principio activo, y productos sanitarios prescritos para su dispensación en cualquier oficina de farmacia, a través del Nomenclátor oficial del Sistema Nacional de Salud que posibilita la identificación inequívoca de los medicamentos.

Un modelo de datos básico y común para todas las recetas del SNS en relación con la identificación del paciente, medicamentos y prescriptor.

Que es la Receta Electrónica

La informatización completa de los servicios de salud permitirá guardar las prescripciones de medicamentos en una tarjeta de bolsillo

Para muchos ciudadanos la cuestión de las recetas médicas es un trámite eventual por el que tienen que pasar muy de vez en cuando. En este grupo está la población que goza de buena salud. En cambio, muchas otras personas se ven necesitadas de una amplia gama de medicinas que deben administrarse con regularidad y frecuencia.

Tal es el caso de las personas con enfermedades crónicas y, sobre todo, el grupo de la tercera edad. Para todo este colectivo, que a día de hoy tiene que acudir a la farmacia con un ramillete de recetas oficiales timbradas en su centro de salud, la receta electrónica supondrá un alivio. La tarjeta sanitaria, una tarjeta de bolsillo con un dispositivo electrónico, y la receta electrónica sustituirán a todo el papeleo de prescripciones e identificaciones vigente.

"Las personas mayores que acuden con frecuencia a una farmacia, lo hacen porque sufren enfermedades crónicas que necesitan una medicación constante", explica Pilar Varela, titular de una farmacia del distrito centro de Madrid, un área con más de un 20% de población mayor de 60 años. "Estas personas se sienten inseguras ante tantos papeles, ya que necesitan mensualmente bastantes medicamentos diferentes y cada uno precisa de una receta individual", prosigue la doctora Varela. La farmacéutica añade que "en estas edades la tendencia a las confusiones y los olvidos aumenta y con ello el miedo equivocarse, por lo que toda innovación que simplifique los trámites aportará tranquilidad a los pacientes".

Menos rato en la farmacia

Por otro lado, el tiempo de registro y gestión de las recetas se reducirá enormemente. Actualmente las recetas de los servicios públicos de salud contienen un código de barras para verificar su autenticidad. Pasarlas una a una por el lector es un trabajo extra, y obligatorio, que se añade a la búsqueda del medicamento y su entrega al cliente, previa muestra del carné de identidad. La consecuencia de un protocolo tan largo es la acumulación de personas en el reducido espacio de la botica, con la incomodidad que ello conlleva.

El nuevo sistema cuenta con un presupuesto de 141 millones de euros

El nuevo sistema comenzará su andadura en Cataluña, a finales de este año; después se implantará Andalucía en abril del año que viene. Está avalado por el plan "Sanidad en Línea" del ministerio de Sanidad y cuenta con un presupuesto de 141 millones de euros que podrían duplicarse en el futuro en caso de participar más comunidades. En el proyecto interviene también el ministerio de Industria. El objetivo es que progresivamente se vayan introduciendo los historiales médicos de los ciudadanos residentes en cada comunidad en una base de datos a la que tanto los médicos como los farmacéuticos tengan acceso.

En la base, que contará con una entrada personal para cada paciente, se detallará el historial clínico del mismo, las distintas líneas de medicación que ha seguido y los medicamentos que le han sido prescritos en el momento de la consulta. Por su parte el paciente poseerá la tarjeta sanitaria, que le identificará como usuario y permitirá tanto al farmacéutico como al médico acceder a su historial clínico y farmacológico.

Una gestión sencilla

"Cuando el médico prescriba los medicamentos a un enfermo en el centro de salud, lo hará tecleándolos en el ordenador e introduciendo la prescripción en la base de datos", explica Antoni Gilabert, jefe de la división de Atención Farmacéutica y Prestaciones Complementarias del Servei Català de Salut. Seguidamente el médico pasará la tarjeta sanitaria del paciente por un lector e imprimirá una hoja de papel con el listado de medicamentos a entregar. "La hoja lleva un código de barras que se leerá en la farmacia; es el único requisito físico que hay en todo el proceso, pero es sólo una hoja y no varias como antes", aclara el doctor Gilabert.

Una vez en la farmacia, se pasará la hoja por el lector de códigos y después la tarjeta sanitaria permitirá la comprobación de los datos del paciente. Sin más, éste recibirá sus medicamentos y podrá marcharse. El que exista una hoja de papel como requisito tiene su sentido: junto a la agilización de la entrega de medicamentos, otro objetivo de la receta electrónica es evitar el fraude farmacéutico en la salud pública.

El objetivo es tener los historiales médicos de los ciudadanos en una base de datos a la que tanto los médicos como los farmacéuticos tengan acceso

"Es habitual que venga un familiar a recoger medicamentos, que teóricamente son para una persona mayor, explicando que el enfermo no se encuentra en condiciones de salir a la calle", admite la doctora Varela. También reconoce que es difícil distinguir entre la verdad y la falsa excusa en estos casos. "No puedes dejar a una persona mayor sin sus medicamentos", dice.

Con el nuevo sistema se podrá ejercer un mayor control sobre las irregularidades en el consumo de medicamentos por parte un enfermo, además de evitar el fraude mediante falsificación de recetas, ya que el código de la tarjeta y el de la hoja impresa por el médico deberán coincidir. La hoja impresa también sirve de comprobante de entrega para que el farmacéutico pueda cobrar al servicio de salud los medicamentos.

Prescripciones a largo plazo

"En el caso de pacientes crónicos o impedidos no será necesario que efectúen tantos desplazamientos del centro de salud a la farmacia", explica el doctor Gilabert, "ya que sus líneas de medicación podrán ser programadas con meses de antelación y tanto el médico como el farmacéutico sabrán exactamente cuál es la cuota mensual de fármacos, por lo que no habrá problema alguno en que vaya a recogerlos un familiar".

El doctor Gilabert también destaca otra ventaja de la receta electrónica y de la digitalización y control de los historiales clínicos y farmacológicos: "Existirá una seguridad en el uso de los medicamentos, cosa que, aunque parezca increíble, ahora no existe". Como ejemplos pone el control de las duplicidades y las contraindicaciones antes de iniciar una medicación. "Muchas veces, como no existen historiales salvo en casos de enfermedades serias, se recetan medicamentos parecidos a los que el paciente tomó anteriormente y que no le hicieron efecto, o bien tuvieron efectos negativos", asegura Gilabert.

Antoni Gilabert : "Existirá una mayor seguridad en el uso de los medicamentos"

Por otro lado, la comunicación entre médico y farmacéutico mejorará sensiblemente, por lo que se podrán establecer consultas bidireccionales y detectar casos de abusos de medicamentos o adicciones. "En ocasiones el paciente va acumulando fármacos en su armario de las medicinas y se las administra sin control médico; es decir que se automedica con todo lo que esto conlleva: uso de medicamentos caducados o deteriorados, abusos, adicciones...", apunta Gilabert. El médico asegura que la receta electrónica prevendrá estos sucesos.

La tarjeta sanitaria está presente en diversas comunidades desde hace años: en Cataluña, donde el 70% de los centros de salud están informatizados, existe desde 2000. En Andalucía entró en vigor en 2002. Actualmente la tienen casi seis millones de ciudadanos de dicha comunidad y permite realizar 300.000 gestiones médicas al día. En el País Vasco el modelo comenzó a implantarse en 1988. Por el momento de momento el Servicio Vasco de Salud está aplicando la receta electrónica, en fase experimental, en las poblaciones de Markina y Basauri.

Polémica por la sustitución de medicamentos

Un aspecto de la nueva receta que puede generar cierta polémica es el de la sustitución de fármacos. La legislación establece que en determinadas circunstancias las farmacias pueden sustituir el medicamento prescrito por el médico por otro con la misma función y efectos; por ejemplo en el caso de que la farmacia no disponga de la marca especificada en la receta. La farmacia estaría obligada por ley a esa sustitución en algunos casos, como cuando el medicamento prescrito tenga un precio superior al de referencia y exista un genérico de sustitución.

La sustitución de un medicamento, por su genérico u otro homólogo, puede suponer en algunos casos una modificación constante en la base de datos que deberá ponerse en conocimiento tanto del médico como del farmacéutico. Estas modificaciones generarán un trabajo adicional para ambos responsables, ya que actualmente no es necesario hacer constar la sustitución en ningún historial.

La situación se vería adicionalmente complicada por la controversia que mantienen ambos colectivos sobre quién es el responsable último de la receta: mientras que el Consejo General de Colegios Farmacéuticos considera justificada la sustitución de medicamentos, los médicos se muestran mayoritariamente reticentes a otorgar a aquéllos la capacidad de sustituir los fármacos por ellos prescritos.

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