miércoles, 7 de abril de 2010

Enfrentar al Narcotráfico

drogo peligroso


ENFRENTAR AL NARCOTRÁFICO


Laura Fernández-Montesinos Salamanca.

No le corresponde a México luchar contra el problema del narcotráfico, porque no es culpable del crecimiento de esta actividad en su territorio. Como no lo fue Colombia o Bolivia por la producción de cocaína, como no lo es Afganistán por ser el principal productor de amapola (la base de la heroína), ni Irak por estar sumido en el terror, ni los Chechenos por tener una sociedad orillada al terrorismo, como no es Palestina culpable de las masacres contra ellos ejercidas. Los culpables son quienes demandan estas sustancias y son capaces de pagar por ellas cantidades estratosféricas; quienes orillan a la sociedad a luchar por su supervivencia, ante el abandono de las autoridades de sus propios países; o por el genocidio de que son objeto.

Una sociedad sin más elementos para sobrevivir que dedicarse a la delincuencia no es culpable de la falta de oportunidades. Si no existiera demanda, la oferta de estupefacientes no tendría razón de ser, y los narcotraficantes no tendrían más remedio que dedicarse a otra cosa. Lo mismo que si la justicia existiera, no habría necesidad de organizar grupos armados con el único fín de pedir un poco de solidaridad, de justicia.

Por supuesto no todos los grupos terroristas o armados lo son por falta de asistencia social, sino por ideologías extremistas y violentas. Tampoco estas letras pretenden ser una excusa a la violencia. Pero está más que demostrado que ante circunstancias adversas surgen grupos de esta guisa. Analicemos a los países productores de estupefacientes: Colombia, Perú, Bolivia, México, Afganistán, etc. Todos son pobres. Todos tienen o han tenido guerrillas. Los países consumidores: Estados Unidos y Europa principalmente. Todos son ricos, y culpan a los pobres por cultivar estupefacientes, pero ellos los compran. Paradoja.

El narcotráfico no es cosa de ayer. Es producto de una descomposición social ruin, con la que la clase política en México se ha venido regodeando durante decenios, para beneficio propio, en detrimento de la población. Sobre este trillado tema se han consumido litros de tinta y toneladas de papel. En conclusión es que al narcotráfico no se le combate con las mismas armas, con violencia, o con mensajes noticio-dramáticos telenovelescos, en los que la realidad es más surrealista que la mentira que nos cuentan. Al narcotráfico se le combate con educación de calidad, oportunidades, con justicia pronta y expedita, con empleos en condiciones laborales y salarios decentes, y en una mediana calidad de vida, que es lo que hace fuerte a una sociedad. Y la demostración estriba, en que quién vive bajo estas condiciones no tiene necesidad de meterse en operaciones y cultivos ilegales. Y quién lo hace, porque nunca falta el garbanzo negro, es simplemente por avaricia e insensibilidad.

El verdadero aniquilador del narcotráfico son las ideas y las oportunidades, no el ejército y las sangrías. Las oportunidades que durante decenios vienen negando los políticos corruptos, inútiles, interesados y avariciosos, carentes de ideas e ideales, de prejuicios y de una pizca de solidaridad. En países con calidad de vida, educación y oportunidades no se cultivan estupefacientes, se consumen. Sin embargo, cosa curiosa, cargan las pulgas a los productores, los pobres, a los proveedores, no a los consumidores, los verdaderos culpables de que estas sustancias sigan existiendo.


No es a México a quién le corresponde luchar contra el narco. Mucho menos de la manera en que se está haciendo: a guerra y fuego. Demostrado queda que la falta de ideas y la sobra de estupidez está cubriendo a este país de sangre a tontas y a locas, con la tonta intención de que la población crea que se está “trabajando” por nosotros. Sin embargo la educación y el arte, los únicos parámetros que salvarían a este país de la barbarie, pasan por el peor momento de su historia.

Le corresponde al país que recibe, luchar contra los productos ilegales, dentro de su territorio, donde jóvenes alocados y sin ilusiones, o con exceso de adrenalina y poco qué hacer, juegan a lo prohibido, a soñar en las alturas, a tener “experiencias nuevas”. Es lógico. No saben lo que es el trabajo duro, el hambre y la necesidad. Es un problema de educación, no de armas ni de violencia. Sería México el que debería cantarle a Estados Unidos y a Europa, que el problema son los consumidores, no los productores. Los productores se limitan a sobrevivir.


Si la educación y el desempleo sigue a este ritmo, ¿qué les espera a nuestros hijos? ¿Ser narcotraficantes, políticos o soldados porque serán los únicos empleos existentes en este país?.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada