viernes, 9 de abril de 2010

Hablando de Ecologia

Poza Reina peligra por trasvase de agua
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 HABLANDO DE ECOLOGÍA

Laura Fernández-Montesinos Salamanca

De unos años a esta parte el daño provocado por el ser humano, que ninguna otra especie, a nuestra casa, nuestro planeta, ha sido tan grave y constante que la ecología se ha tenido que poner de moda, no por moda, sino por supervivencia. No sólo los entendidos claman por un cambio en nuestro comportamiento, agricultores, ganaderos, la gente que vive en y del campo, están viendo su forma de vida amenazada, porque su hábitat se está resintiendo. Lo sentimos o lo vemos cada vez con más frecuencia: frío extremo y calor excesivo. Los más ancianos afirman que volvemos a tener un clima parecido al de antaño, cuando hacía realmente frío en invierno. Pero el calor sobrepasa todo límite establecido.

En la región de las Altas montañas, Estado de Veracruz, el régimen de lluvias se ha modificado sustancialmente. A decir de los viejos, el denominado “chipi-chipi”, lluvia continua muy ligera, junto con la persistente neblina, duraba antaño los casi cuatro meses de invierno. Hoy día con la polución y la tala inmoderada, las especies que habitaban el bosque de niebla, que ocupaba toda la región de las altas montañas desde Xalapa hasta las cumbres de Maltrata, se han ido restringiendo a manchones de bosque que subsisten en áreas cada vez más reducidas. El Quetzal, antiguamente abundante en esta región, está extinto, como otras muchas especies muy sensibles a los cambios radicales de clima, así como los grandes mamíferos, que precisan de extensas áreas para subsistir que ya no existen. La desaparición de especies es muy nociva para flora y fauna, pues altera el equilibrio natural. Si desaparece una flor determinada, su polinizador exclusivo muere de hambre. Si desaparece el polinizador, desaparece la especie que lo necesitaba para reproducirse. Esto ha sucedido en diversas islas, Hawai y Nueva Zelanda son de las más perjudicadas por prácticas depredatorias de esta índole: tráfico de plantas ornamentales o especies exóticas. La desaparición de los depredadores convierte a sus presas en plaga. Y viceversa. La sustitución de especies endémicas por introducidas provocó que en Australia y Nueva Zelanda las ratas exterminaran las especies nativas, y sin depredadores se reprodujeron sin límite. Muchas pequeñas islas de Oceanía están hoy sólo pobladas por ratas. Es imposible exterminarlas, el daño es irreparable, y en consecuencia miles de especies han desaparecido para siempre.

Este daño no sólo afecta a la naturaleza. Nos afecta a todos, como parte de la naturaleza que somos, y dependientes de ella. Es irracional, inútil e irresponsable, pensar que la tecnología nos salvará de nosotros mismos: construir estaciones espaciales, habitar otros planetas para que la población siga creciendo sin límite. Que las máquinas produzcan nuestra comida y nuestro oxígeno… o la absurda conjetura “no nos va a pasar nada” o “nosotros no lo veremos”.

La desaparición de especies nos perjudica, disminuye la diversidad, el oxígeno, las especies de las que nos servimos, como aquellas de las que extraemos sustancias para los medicamentos. Los líderes mundiales siguen derrochando recursos en tonterías electorales que hacen ricos a unos cuantos con el dinero del pueblo, en lugar de obligarnos a un cambio de comportamiento. Maliciosa e interesada táctica, pero sobre todo irresponsable. Reducir un 30% el arsenal nuclear de Estados Unidos y Rusia es una estupidez. ¡No nos queda tiempo para actuar! Los líderes se la pasan entre especulaciones y firmas que no se cumplen, porque los intereses económicos de un mundo sumamente egoísta y avaricioso, son demasiado poderosos.

Tendríamos ya transporte solar si hubiese habido la misma inversión que la dedicada a investigación nuclear armamentística y automovilística. Hace más de una década en Estados Unidos se experimentó con autos eléctricos. Alcanzaron los parámetros de funcionamiento que los autos a gasolina. Se destruyeron, sin embargo, hasta los planos. La razón: intereses petroleros del mayor consumidor de energía del mundo.

El desastre es tan dramático que los científicos claman por modificaciones en nuestro comportamiento, por obligarnos a abandonar la fácil comodidad citadina a la que nos hemos acostumbrado desde que podemos abrir la llave del agua con toda la facilidad del mundo y dejarla correr, a favor de un pequeño esfuerzo por optimizar los recursos. A la facilidad para derribar árboles en zonas protegidas para construir; a esa insolente y estúpida actitud de algunos desinformados, irresponsables “profesionales” de la construcción sin conciencia, que son capaces de sopesar entre ecología y empleo, cuando ambas, en estos días, son una de las soluciones alternas a la destrucción. A la facilidad de generar basura y tirar envoltorios y plásticos en perjudiciales rellenos sanitarios que amenazan con rebasarnos.

No estamos en condiciones ya de aferrarnos a las viejas costumbres de la industrialización, cuando el planeta se defiende de tantas atrocidades que le provocamos. El aumento en la intensidad y volumen de los huracanes es consecuencia de nuestras acciones. Las lluvias extremas, que en estos días se han cobrado ya la vida de más doscientas personas en Brasil, en parte de Europa y Norte América asolaron este invierno extensas áreas, y las sequías en otras. Está más que demostrado que la Tierra se mueve y reacciona como un ser vivo ante la agresión.

Se sabe ya casi con plena certeza que las glaciaciones producidas durante cuatro períodos prehistóricos, lo fueron por fenómenos naturales que alteraron el clima. Unas veces por erupciones volcánicas que cubrieron la tierra con una nube de gas, polvo y desechos volcánicos tan grande, que plantas y animales murieron por falta de luz solar y exceso de dióxido de carbono. Otras ocasiones por cataclismos externos como la casi probada sospecha del meteorito que golpeó parte de América y acabó con gran parte de los saurios terrestres. Estas reacciones fueron producto de un evento natural. Lo que está sucediendo hoy día es artificial.

Al parecer la siguiente glaciación se acerca con demasiada rapidez. Muchos científicos y trabajadores del campo están consternados al comprobar que tanto plantas como animales no se adaptan con la suficiente rapidez a los cambios climáticos provocados por las acciones del hombre, y terminan enfermando y muriendo. No hay tiempo ya para la genética, que emplea cientos de años para generar una modificación que ayude a un ser vivo a adaptarse a los cambios continuos del planeta. No hay tiempo ya para seguir cómodamente sentados sin hacer nada. O actuamos o moriremos junto con las plantas que generan nuestro oxígeno y nuestro alimento, y el resto de especies a las que hemos colocado en peligro de extinción.

La glaciación se producirá en breve porque el calentamiento global aumenta la temperatura de los mares, y esto provoca el derretimiento de los hielos polares. El agua fría del hielo se expande sobre las corrientes marinas cálidas, enfriándolas, por lo que éstas dejan de circular. Al dejar de circular la corriente cálida, se produce un enfriamiento global del agua del mar, lo cual enfría la temperatura del planeta, que conlleva en pocos años la glaciación. Es un fenómeno del que se advirtió hace años, pero al que hemos hecho caso omiso. Ante la contingencia, muchos líderes mundiales, ocupados más en sus transacciones financieras y sus políticas destructivas, han querido ver voces catastrofistas. Son sonadas las declaraciones del presidente italiano Silvio Berlusconi, o la del presidente del partido conservador español, Rajoy, en torno a este tema. En su día, el mismísimo expresidente de los Estados Unidos, Al Gore, hoy ocupado en esta cuestión, llamó la atención del sr. Rajoy, indicándole que España será uno de los países del mundo que más sufrirá el cambio climático. Y este año ha empezado a padecerse como nunca antes: nieve y hielo cubriendo la mayor parte de España, inundaciones nunca vistas, y calor sofocante en verano. Algo parecido azota cada vez con mayor virulencia al resto de Europa y gran parte de América, África y Asia. El cambio climático está en la agenda de los líderes mundiales, pero las soluciones se retrasan en pos de los intereses financieros y bélicos.

Los veracruzanos padecemos la irresponsabilidad de estos líderes sin ápice de responsabilidad, información, ideas claras o vergüenza. El estado está colapsado por la contaminación y la basura, pero las autoridades, sin voluntad para ejercer acciones para regenerar, simplemente niegan la evidencia.

Las estribaciones del Pico de Orizaba, originalmente cubiertas de bosques, se desforestan brutalmente. La solución no está en luchar contra la deforestación, sino en proporcionar educación e información a quienes viven de la madera, implementarles soluciones alternas como viveros para reforestar, medidas coercitivas para quienes tiren basura, lo que generaría empleos y reactivaría la ecología y economía de la zona.

El medio ambiente, sin embargo, no es prioritario para los políticos: Los efectos para paliar el daño ocasionado por los derrames de crudo que se han venido sucediendo desde hace unos años en el Estado, aún se resienten. La deforestación es intensa y legal. Los manglares veracruzanos casi han desaparecido o están enfermos, en parte debido a la mala calidad del agua que reciben por los ríos contaminados. Casi todos los ríos del Estado, salvo los de la región de los Tuxtlas, por su curso corto y la escasa industrialización de la zona, están contaminados. Ya existe un tubo de dimensiones inmensas que trasvasará agua desde una de las zonas más bellas de la región: La Poza Reina, en la congregación Miguel Hidalgo del municipio de Catemaco, que llevará agua hasta Catemaco o Tebanca. Un verdadero crimen ecológico. Esta zona aún ha sufrido un escaso impacto, y el trasvase, no sólo destrozará la belleza natural de este sistema de cascadas, sino que dañará irremediablemente la flora y fauna terrestre y acuática, donde especies endémicas quedarán extintas. Es una de las decisiones más arriesgadas y lesivas para el medio ambiente de las que se hayan tomado recientemente.

En la región de las altas montañas, días atrás, se talaron casi una veintena de pinos milenarios de un trébol por la que se accede a la autopista, para sustituirlos ¡POR UNA ESPANTOSA TORRE ORNAMENTAL METÁLICA! En las que se malgastaron el dinero de la ¡Bursatilización! Para “celebrar” el bicentenario de una dudosa independencia, y a cuya vergonzosa inauguración asistieron complacientes las autoridades estatales, y afirmaron, entre otras falacias, que la calidad del agua de la región es de las mejores de la entidad. Seguramente las autoridades no recuerdan que el Río Blanco, que corre a pocos metros de donde inauguraron las mencionadas torres, es el segundo río más contaminado del país. Lo mismo que desconocen, aún viviendo sobre él, que parte de la región Orizaba- Ixtaczoquitlán es parte del Parque Nacional del Cañón de Río Blanco ¿Ante qué clase de seres estamos? Promueven la tala de árboles para sembrar un monumento metálico, privándonos del oxígeno que regeneran a partir del CO² emitido por los vehículos, y que además sujeta el suelo del trébol, que corre ahora el riesgo de deslavarse por falta de sostén, ¡a pesar de los llamados internacionales a regenerar el medio ambiente!

Durante la presente administración del Sr. Díez, alcalde Orizaba, se han talado cientos de árboles irresponsablemente, en lugar de buscar soluciones alternas para su aprovechamiento o su uso conjunto con las obras, que además dejan mucho que desear. Se encubren los daños ecológicos, las nuevas obras del ayuntamiento han provocado el colapso de las alcantarillas, y con las lluvias fuertes, ahora la ciudad se inunda, lo que no sucedía antes.

En los límites del parque, que cada vez se reduce y contamina más, se otorgan permisos para la instalación de fábricas, como la reciente textil británica Coats, el corredor industrial, con Sabritas, una papelera y una cementera nada menos, entre otras muchas.

El agua que corre por el parque, salvo pequeños manantiales que desaparecen pocos metros más adelante en las aguas fecales, están muy contaminados. El Río Blanco, el segundo más contaminado de México contamina a su vez a la laguna de Tlalixcoyan y los ríos Papaloapan y la Carbonera, donde desemboca, y estos a su vez la laguna de Alvarado, su destino final, de donde proviene una parte importante del pescado que se consume en el Estado. Ningún alcalde ni gobernador se ha preocupado nunca por este gravísimo problema que afecta directamente la salud de la población que vive en el margen de estos ríos, que consume el pescado de Alvarado, la vegetación y agua de sus riberas, y gusta de nadar en sus playas.

Hace aproximadamente nueve años, un campesino de Orizaba perdió a sus animales, envenenados, por el acuífero de su terreno de donde bebían, cuya agua procede de Ojo de Agua, manantial de donde se abastecen varias colonias. El temor del campesino se centraba en la salud de su familia, que bebían la misma agua. El caso y el afectado desaparecieron misteriosa e instantáneamente de todo medio de comunicación. Los médicos, sin embargo, siguen preguntando a sus pacientes la procedencia y limpieza del agua que reciben en sus casas y la cercanía con el corredor industrial de Ixtaczoquitlán en casos de asma y alergias.

En dos zonas del mundo, la confluencia de las corrientes marinas, ha logrado reunir gran parte de las basuras, especialmente plásticas, que la gente tira al mar. Una de ellas se encuentra en el pacífico y la otra, recientemente descubierta, en el Atlántico. Ambas ocupan una extensión mayor a la de la Península Ibérica, es decir, España y Portugal juntos. Se dice que la profundidad de la basura acumulada es de unos 10 metros, por lo que la limpieza se hace prácticamente impracticable. Existen imágenes de personas paupérrimas en Asia, pepenando entre estas millones de toneladas de basura flotante, bajo las que nada sobrevive. Delfines y tortugas mueren al tragar plásticos y papel que confunden con medusas, alimento natural de éstas últimas, cuya aniquilación, junto con el aumento de la temperatura del mar, produce el crecimiento desmedido de las medusas, que sin depredadores, inundan las playas.

Millones de personas estamos en riesgo ante la progresión de enfermedades como el dengue o la malaria, pues los mosquitos transmisores pueden ahora reproducirse en zonas más altas, más extensas y habitadas, a consecuencia del cambio climático y de los medios de transporte.

Las consecuencias de nuestras acciones son más que evidentes, pero sin más armas que nuestra voluntad, la mayoría de los ciudadanos no tenemos más remedio que limitarnos a usar el vehículo contaminante lo estrictamente necesario, a resistirnos a recibir envases y bolsas plásticas en nuestras compras, a instalar en nuestras azoteas huertos ecológicos en los que además, producimos composta, de manera que paliemos ligeramente el impacto, al menos en casa. Pero las grandes acciones corresponden a quienes detentan el poder. En sus manos está el planeta, la generación de energías alternas, la investigación para paliar los graves efectos del cambio climático. En sus manos estamos todos. Es hora de exigir.

Laura Fernández-Montesinos Salamanca

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