viernes, 2 de abril de 2010

La décima espinela

Décima


De: La enciclopedia
Para: Grandes Montanas

Genéricamente una décima en poesía es una estrofa constituida por 10 versos octosílabos. Actualmente se usa esta palabra con el sentido específico de décima espinela o espinela.[1] La espinela toma su nombre del poeta, novelista y vihuelista Vicente Espinel, de fines del siglo XVI. La contribución de Espinel fue fijar la estructura de rimas de la décima en abbaaccddc. Además, sólo puede haber pausas después de los versos pares, particularmente después del cuarto. Durante los siglos XVII y XVIII la décima se usó con frecuencia para el epigrama y la glosa de otros poemas; Félix Lope de Vega, en su Arte nuevo de hacer comedias (1609), escribió que "las décimas son buenas para quejas" en las obras teatrales, pero las empleó indistintamente para cualquier tema. Desde entonces no ha decaído su uso en la poesía española e hispanoamericana como forma tan cerrada como el soneto y apropiada para el poema redondo y el epigrama, y ha sido la estrofa predilecta de algunos poetas de la Generación del 27 como Jorge Guillén o Gerardo Diego. La décima es una de las formas estróficas de mayor arraigo y amplia distribución en toda Latinoamérica, siendo especialmente significativa en la poesía popular y rural. Ejemplo de esto es la actual pervivencia de prácticas como las payas, donde suele usarse que dos o más cantores se enfrenten en un duelo de décimas improvisadas en el momento, con acompañamiento musical, generalmente la guitarra.

Al comenzar el siglo XX, el poeta modernista uruguayo Julio Herrera y Reissig (1875-1910) hace ya la crítica meta-literaria de esa forma, en una especie de parodia culta de la poesía de los payadores de su país, insertando imágenes que adelantan la vanguardia, y en particular el expresionismo. El mejor ejemplo de esto es su "Tertulia lunática", que comienza:


En túmulo de oro vago

cataléptico fakir

se dio el tramonto a dormir

la unción de un Nirvana vago...

Objetívase un aciago

suplicio de pensamiento,

y como un remordimiento

pulula el sordo rumor

de algún pulverizador

de músicas de tormento. [...]

Una de las compositoras más célebres de décimas fue Violeta Parra (1917-1967), quien escribió su Autobiografía en décimas. también Roberto Parra, hermano de Violeta, utilizço la décima para componer su obra teatral Las décimas de la Negra Ester, inspiradas en una prostituta de la ciudad de Valparaíso. Tal es la efectividad de esta estrofa, que incluso han existido publicaciones periódicas en décimas, como la chilena Lira Popular, a principios del siglo XX. Esta iniciativa ha sido reeditada en la actualidad por el sitio web del mismo nombre. A continuación algunos ejemplos de composiciones en décimas.



Amor, no te llame amor

el que no te corresponde

pues que no hay materia adonde

imprima forma el favor.

Naturaleza, en rigor,

conservó tantas edades

correspondiendo amistades

que no hay animal perfeto

si no asiste a su concepto

la unión de dos voluntades

Félix Lope de Vega y Carpio, primeros versos de El Caballero de Olmedo, h. 1923



Cuentan de un sabio que un día

tan pobre y mísero estaba

que sólo se sustentaba

de unas hierbas que cogía.

"¿Habrá otro -entre sí decía-

más pobre y triste que yo?"

Y cuando el rostro volvió

halló la respuesta, viendo

que otro sabio iba cogiendo

las hierbas que él arrojó

Pedro Calderón de la Barca, La vida es sueño, siglo XVII



Volver a los diecisiete

después de vivir un siglo

es como descifrar signos

sin ser sabio competente.

Volver a ser de repente

tan frágil como un segundo.

Volver a sentir profundo

como un niño frente a Dios.

Eso es lo que siento yo

en este instante fecundo

Violeta Parra, Volver a los diecisiete, 1966







Iván Zuleta No Creo

Que Usted La Poesía Conozca

Porque Rima En Forma Tosca

Versos Que Le Salen Feo

Las Seguidilla Que Veo

En Cada Verso Que Canta

Le Juro Que No Me Espanta

Porque Tengo Buen Vocablo

Yo Creo Que Te Salió El Diablo

En Esta Semana Santa

Julio Cárdenas, verseando con Ivan Zuleta, 2008



Caballo dile a Espinoza

que no sienta antipatía,

que aunque te tuve tres días

no te hice mucha cosa.

Que no fueron enojosas

las diligencias que hicistes,

me llevastes me tragistes

y en tu lomo me cargastes

y con eso me pagastes

el arroz que te comistes

Ernesto Petit, en su chinchorro en el caserío de Carabobo una Semana Santa de 1982

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